lunes, 13 de diciembre de 2010

Instrucciones para atarse los cordones

El hecho de llevar los cordones desatados no sólo provoca un mal estético en nuestra vestimenta, sino que también puede resultar realmente peligroso si los pisamos y llegamos a tropezar.
Para evitar estos desafortunados incidentes es necesario seguir una serie de pasos que voy a relatarles a continuación:


En primer lugar es necesario que nos agachemos lo suficiente para poder manejar con facilidad los cordones de nuestro zapato (es importante que el pie se encuentre dentro de este para un mejor resultado). Si eres principiante y no encuentras una postura cómoda para realizar el ejercicio, te recomiendo que arrodilles la pierna que contenga el zapato que vayas a anudar en segundo lugar como aparece en la foto de la derecha. A medida que vaya adquiriendo práctica podrá provar con otro tipo de posturas, como sentado para los más vagos o incluso de pie para los más hábiles.

Una vez en posición, nos dispondremos al anudamiento de los cordones. Para empezar, debemos agarrar cada cordón con una mano (lo ideal sería la mano derecha con el cordón derecho y la mano izquierda con el cordón izquierdo), cruzar ambos de forma que queden perpendiculares el uno al otro, pasar uno de ellos por el hueco que ha quedado entre los dos y tirar con la intensidad que usted crea conveniente. Si usted es de esas personas inseguras que creen que su zapato va a salir volando en cualquier momento, deberá tirar de los cordones con más fuerza.

Seguidamente realizaremos un globito en unos de los cordones, por ejemplo el derecho, y después pasaremos por detrás de este el otro cordón, que en este caso será el izquierdo, pudiendo meter, a continuación, la parte del medio de este por el hueco que queda entre el zapato y el malabarismo que acabamos de hacer. Una vez hecho esto, solo nos quedará igualar el tamaño de los dos globitos, pero eso se hará dependiendo del criterio de cada uno.



Si a pesar de todo fracasais y no sois capaces de finalizar el ejercicio con un buen resultado teneis dos alternativas.

La primera consiste en hacer el primer paso de la misma forma que en la técnica que acabo de explicar pero,
en vez de hacer un globo con un cordón y después envolver con el otro, hacer un globo con cada uno de los cordones y seguidamente cruzar ambos.

La segunda, que es ideal cuando as fracasado en los dos casos anteriores, consiste en comprarse unas buenas chanclas y utilizarlas también en invierno. ¿Qué es un poco de frio comparado con el tiempo y el esfuerzo que necesitas para atarte los cordones?

LEYENDA URBANA

Cuentan que hace unos años, en un barrio de Madrid, se produjo la muerte de una viejecita que vivía sola en su viejo chalet. Como consecuencia, este fue heredado por su única hija, Julia.
A ella le encantaba el barrio en el que había vivido su madre durante esos años, y pensar en la idea de irse a vivir allí le agradaba mucho. Sin embargo, la casa estaba que se caía de vieja y por ello, después de pensarselo mucho, decidió derrumbarla y construir una nueva en la que pudieran vivir ella y su marido.
Así pues, se pusieron en contacto con una constructora. Esta echó abajo el viejo chalet y rapidamente comenzaron las obras de la nueva casa.
 
Julia, que quería que su casa fuera perfecta, contrató a unos de los mejores arquitectos de la ciudad, el señor Rafael Moneo.
 
Él era un arquitecto distinto a los demás y, por aquel entonces se decía que su ambición en el trabajo le había hecho perder la cabeza. No aceptaba que nadie le dijera como tenía que trabajar ni qué era lo que tenía que hacer. Sin embargo, era un claro ejemplo de trabajo bien hecho y de calidad, y por eso Julia le contrató.
 
Las obras comenzaron un mes de mayo, y Julia se pasaba cada vez que podía para ver como iba todo. Lo cierto es que los obreros avanzaban rapidamente y parecía que iban a tener el trabajo hecho antes de tiempo, pero pronto empezó a surgir cierta tensión entre algunos de los trabajadores y el señor Moneo. Este había aceptado un trabajo como capataz dentro de la obra y era el que controlaba todo.
 
Este exigía a los obreros unos horarios bastante excesivos que no iban acordes con sus sueldos y eso provocó algunas quejas entre los trabajadores.
 
Julia una vez fue testigo de una de las discusiones entre el señor Moneo y el cabecilla del grupo "rebelde" de obreros. Fue una discusión bastante desagradable de ver, y esto
provocó un malestar general entre los trabajadores.
 
La vez siguiente que Julia fue a visitar la obra, pudo notar la ausencia del hombre que tanto había discutido con el señor Moneo. No le dio importancia, pues pensó que simplemente podía estar de baja temporal.
 
Fueron pasando los meses y la obra fue avanzando, pero no tan rapidamente como había comenzado, sino que parecía que cada vez iba más lenta, los obreros trabajaban mucho y cobraban poco de forma que su motivación era nula y trabajaban lentamente. Esto mosqueó a Julia, y fue entonces cuando se acordó de aquel hombre que había discutido tanto con el señor Moneo. ¿Por qué no había vuelto al trabajo después de tanto tiempo?
 
Poniendo como escusa la lentitud de la construcción de la casa, Julia fue a hablar con el señor Moneo, y le preguntó por aquel hombre.
 
El arquitecto, aunque al principio fingió no acordarse de él, terminó reconociendo que había tenido que despedirle debido a su incompetencia laboral. Julia se imagino que más que por incompetencia, le habría despedido por llevarle la contraria, pero como no era asunto suyo, lo dejó pasar.
 
Al cabo de unos meses, la casa estaba terminada al fin y la feliz pareja empezó a descorarla y a llenarla de muebles. Detrás de la casa tenían un pequeño terreno donde decidieron construir una piscina, de modo que llamaron a una empresa, y esta comenzó con los preparativos para llevarla a cabo.
 
Como era de esperar, tuvieron que hacer un agujero bastante profundo donde colocar la piscina y, para su sorpresa, encontraron algo parecido a un cadaver humano.
Sí, definitivamente lo era.
 
El cadáver tenía todavía restos de la ropa con la que había sido enterrado y Julia cayó en la cuenta de que se trataba de un mono de la obra. Era imposible que no lo reconociera después de todas las tardes que había pasado allí obervando como avanzaba lo que en poco tiempo sería su futura casa.
 
La policía tomó cartas en el asunto, y finalmente se reconoció el cadavar como el hombre que el señor Monoe había "despedido".
 
<< Si lo habia despedido... ¿qué demonios hacía ahí con el mono puesto? >> pensó Julia.
 
Pero nunca pudo demostrarse quién fue el culpable.
 
 
 
Cuenta la leyenda que ese no fue el único cadaver enterrado en la casa de Julia y que otros obreros que también habían discutido con el señor Monoe habían desaparecido y nunca más se les volvió a ver.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LEYENDA


Todo sucedió en Madrid en el S XVIII, durante la construcción del palacio real que hoy en día todos conocemos.

El arquitecto que llevó acabo la realización de los planos en 1738 se llamaba Filippo Juvara, pero será su discípulo, Juan Bautista Sachetti, encargado de la reforma, la ampliación y la decoración , quien tomará relevancia en nuestra historia.

Juan Butista, era un hombre muy ambicioso y, al igual que Filippo, su maestro, quería construir el palacio más grandioso de todo Occidente. Para ello contrataron a los mejores escultores de la época, entre los que destacaba Antoine Coysevox por su gran talento y su estridente personalidad.

Juan Bautista desde un primer momento exigió total seriedad y profesionalidad a los escultores en su trabajo, y dejó bien claro que no se iba a conformar con cualquier cosa. Quería perfección absoluta, ya que sería el mismisimo Carlos III el primer mornarca que habitaría en ese palacio.

Con el paso de los años fueron avanzando las obras, hasta que llegó el momento de encargarse de la decoración de los exteriores del palacio; la cubierta, la fachada y los jardines.



Las esculturas que habían encargado debían ser huecas por dentro, ya que iban destinadas a la parte exterior alta del palacio y no se podía sobrecargar la estructura. Todos los escultores trabajaban sin problemas, pero por el contrario Antoine se sentía cada vez más presionado por Juan Bautista, quien le exigía total realismo en sus esculturas ya que tenían que estar acordes con el esplendor del palacio. El escultor llegó a frustrarse tanto, que terminó perdiendo el juicio.

Con el paso de las semanas, la obra fue avanzando, pero misteriosamente la mano de obra encargada de la decoración se fue reduciendo y bastantes obreros desaparecieron.

Esto llegó a oidos de Carlos III quien, con el fin de averiguar que sucedía, decidió visitar la obra.
Cuando ya estuvo allí comenzó a echar un vistazo por los alrededores y llegó a la zona donde se encontraban las esculturas que ya estaban finalizadas.Observó que algunas de ellas destacaban sobre las demás por su absoluta perfección.


Prendado por el realismo de ese grupo de esculturas, Carlos III preguntó a un escultor que pasaba por allí en ese momento:
-Muchacho, ¿cual es el nombre de aquel al que Dios ha dotado de tan fantástico talento para hacer esas esculturas de ahí?
-Antoine Coysevox es su nombre, mi señor -contestó el escultor timidamente-.

Ignorando la presencia de este, Carlos volvió la vista a las magníficas figuras y, sin darse cuenta, comenzó a acercarse poco a poco hacia ellas. ¿Cómo podía ser que un solo hombre hubiera creado semejante obra de arte?

De repente algo interrumpió sus pensamientos: una voz salió de una de las estatuas. Esto le sobresaltó. Sin embargo una gran felicidad le invadió por dentro pues Carlos pensó que esa voz era de uno de sus antepasados y que le auguraba un próspero reinado.
Con el fin de complacer a su antepasado, hizo llamar a Juan Bautista para exigirle que esa estatua debía colocarse en la parte más alta del palacio. El arquitecto obedeció sin rechistar al rey y para demostrar su eficacia, ordenó a un grupo de obreros colocar la estatua en el lugar que Carlos había decretado en ese mismo instante.

Cuando la escultura estuvo colocada en su sitio, no pasó ni un minuto y la estructura de esa zona del palacio se vino abajo.
Como era de esperar el rey entró en cólera y pidió expliaciones a Juan Bautista. Sin embargo, este no podía creer lo que acababa de ocurrir: había mandado hacer las esculturas huecas para evitar incidentes como este, y él mismo había revisado el estado de la estructura varias veces. ¿Cómo podía haber pasado?. Definitivamente algo se le escapaba.

Ambos entraron en el palacio y fueron al lugar donde se había producido el derrumbamiento. Aunque se había levantado una gran cantidad de polvo, les resultó fácil encontrar el lugar exacto donde se hallaba la escultura rota. Para su sorpresa, en lo que quedaba de ella, encontraron un cadáver descomponiéndose.

-¿Qué significa esto Bautista? - preguntó el rey furioso -. ¡Exijo una explicación inmediata!
Pero no obtubo respuesta. A pesar de lo que Carlos se pensaba, el arquitecto estaba tan sorprendido como él, o incluso más. ¡Había un cadaver dentro de la estatua!. Pero eso perdió importancia para él cuando fue capaz de alzar la vista: había un gran agujero en el techado que sería difícil de reparar. Y fue en ese momento cuando, sumido en sus pensamientos, cayó en la cuenta de todo.

¡Ese loco de Coysevox!. ¡Se ha estado dedicando a asesinar obreros con el fin de que ellos dieran forma a sus obras!-pensó Juan Bautista-. ¡Eso explica la misteriosa desaparición de mano de obra y el derrumbamiento de la estructura debido al sobrepeso de la estatua!

Carlos, ante el silencio de Juan Bautista, empezó a deducir por sí mismo que era lo que podía haber pasado y no le costó demasiado llegar al meollo del asunto, por lo que fue él quien decidió romper el silencio al fin.
-¿Lo sabe alguien?
- Sólo nosotros dos y Coysevox, alteza -dijo aun sorprendido el arquitecto-.Me temo que si lo hubiera sabido alguien más la obra del palacio se habría detenido hace mucho tiempo.
-Excelente. Limpie todo esto Bautista, deshágase del cadáver y sea todo lo discreto que pueda.
-Mi señor, ¿eso significa que vamos a hacer como si no hubiera pasado nada? Es algo demasiado grave -explicó Juan Bautista todavía más perplejo que antes-.
-¿Quieres que este sea el palacio más grandioso de todo Occidente... o no?

Esta simple pregunta bastó para convencer al arquitecto de que lo más correcto era guardar silencio. La obra continuaría como si nada y Antoine Coysevox sería despedido. Estaba tan loco que nadie le creería cuando contara los verdaderos motivos de su cese en la obra.
Todo estaría en orden.


[...]


Hoy en dia, quien conoce la verdadera historia del palacio real, sabe que muchas esculturas que en el S.XVIII habían sido destinadas a la fachada o a la cubierta del palacio tuvieron que ser repartidas por los jardines de este debido a su sobrepeso.
Quien sabe... puede que esto no sea solo una leyenda...


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