lunes, 13 de diciembre de 2010

LEYENDA URBANA

Cuentan que hace unos años, en un barrio de Madrid, se produjo la muerte de una viejecita que vivía sola en su viejo chalet. Como consecuencia, este fue heredado por su única hija, Julia.
A ella le encantaba el barrio en el que había vivido su madre durante esos años, y pensar en la idea de irse a vivir allí le agradaba mucho. Sin embargo, la casa estaba que se caía de vieja y por ello, después de pensarselo mucho, decidió derrumbarla y construir una nueva en la que pudieran vivir ella y su marido.
Así pues, se pusieron en contacto con una constructora. Esta echó abajo el viejo chalet y rapidamente comenzaron las obras de la nueva casa.
 
Julia, que quería que su casa fuera perfecta, contrató a unos de los mejores arquitectos de la ciudad, el señor Rafael Moneo.
 
Él era un arquitecto distinto a los demás y, por aquel entonces se decía que su ambición en el trabajo le había hecho perder la cabeza. No aceptaba que nadie le dijera como tenía que trabajar ni qué era lo que tenía que hacer. Sin embargo, era un claro ejemplo de trabajo bien hecho y de calidad, y por eso Julia le contrató.
 
Las obras comenzaron un mes de mayo, y Julia se pasaba cada vez que podía para ver como iba todo. Lo cierto es que los obreros avanzaban rapidamente y parecía que iban a tener el trabajo hecho antes de tiempo, pero pronto empezó a surgir cierta tensión entre algunos de los trabajadores y el señor Moneo. Este había aceptado un trabajo como capataz dentro de la obra y era el que controlaba todo.
 
Este exigía a los obreros unos horarios bastante excesivos que no iban acordes con sus sueldos y eso provocó algunas quejas entre los trabajadores.
 
Julia una vez fue testigo de una de las discusiones entre el señor Moneo y el cabecilla del grupo "rebelde" de obreros. Fue una discusión bastante desagradable de ver, y esto
provocó un malestar general entre los trabajadores.
 
La vez siguiente que Julia fue a visitar la obra, pudo notar la ausencia del hombre que tanto había discutido con el señor Moneo. No le dio importancia, pues pensó que simplemente podía estar de baja temporal.
 
Fueron pasando los meses y la obra fue avanzando, pero no tan rapidamente como había comenzado, sino que parecía que cada vez iba más lenta, los obreros trabajaban mucho y cobraban poco de forma que su motivación era nula y trabajaban lentamente. Esto mosqueó a Julia, y fue entonces cuando se acordó de aquel hombre que había discutido tanto con el señor Moneo. ¿Por qué no había vuelto al trabajo después de tanto tiempo?
 
Poniendo como escusa la lentitud de la construcción de la casa, Julia fue a hablar con el señor Moneo, y le preguntó por aquel hombre.
 
El arquitecto, aunque al principio fingió no acordarse de él, terminó reconociendo que había tenido que despedirle debido a su incompetencia laboral. Julia se imagino que más que por incompetencia, le habría despedido por llevarle la contraria, pero como no era asunto suyo, lo dejó pasar.
 
Al cabo de unos meses, la casa estaba terminada al fin y la feliz pareja empezó a descorarla y a llenarla de muebles. Detrás de la casa tenían un pequeño terreno donde decidieron construir una piscina, de modo que llamaron a una empresa, y esta comenzó con los preparativos para llevarla a cabo.
 
Como era de esperar, tuvieron que hacer un agujero bastante profundo donde colocar la piscina y, para su sorpresa, encontraron algo parecido a un cadaver humano.
Sí, definitivamente lo era.
 
El cadáver tenía todavía restos de la ropa con la que había sido enterrado y Julia cayó en la cuenta de que se trataba de un mono de la obra. Era imposible que no lo reconociera después de todas las tardes que había pasado allí obervando como avanzaba lo que en poco tiempo sería su futura casa.
 
La policía tomó cartas en el asunto, y finalmente se reconoció el cadavar como el hombre que el señor Monoe había "despedido".
 
<< Si lo habia despedido... ¿qué demonios hacía ahí con el mono puesto? >> pensó Julia.
 
Pero nunca pudo demostrarse quién fue el culpable.
 
 
 
Cuenta la leyenda que ese no fue el único cadaver enterrado en la casa de Julia y que otros obreros que también habían discutido con el señor Monoe habían desaparecido y nunca más se les volvió a ver.

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