miércoles, 8 de diciembre de 2010

LEYENDA


Todo sucedió en Madrid en el S XVIII, durante la construcción del palacio real que hoy en día todos conocemos.

El arquitecto que llevó acabo la realización de los planos en 1738 se llamaba Filippo Juvara, pero será su discípulo, Juan Bautista Sachetti, encargado de la reforma, la ampliación y la decoración , quien tomará relevancia en nuestra historia.

Juan Butista, era un hombre muy ambicioso y, al igual que Filippo, su maestro, quería construir el palacio más grandioso de todo Occidente. Para ello contrataron a los mejores escultores de la época, entre los que destacaba Antoine Coysevox por su gran talento y su estridente personalidad.

Juan Bautista desde un primer momento exigió total seriedad y profesionalidad a los escultores en su trabajo, y dejó bien claro que no se iba a conformar con cualquier cosa. Quería perfección absoluta, ya que sería el mismisimo Carlos III el primer mornarca que habitaría en ese palacio.

Con el paso de los años fueron avanzando las obras, hasta que llegó el momento de encargarse de la decoración de los exteriores del palacio; la cubierta, la fachada y los jardines.



Las esculturas que habían encargado debían ser huecas por dentro, ya que iban destinadas a la parte exterior alta del palacio y no se podía sobrecargar la estructura. Todos los escultores trabajaban sin problemas, pero por el contrario Antoine se sentía cada vez más presionado por Juan Bautista, quien le exigía total realismo en sus esculturas ya que tenían que estar acordes con el esplendor del palacio. El escultor llegó a frustrarse tanto, que terminó perdiendo el juicio.

Con el paso de las semanas, la obra fue avanzando, pero misteriosamente la mano de obra encargada de la decoración se fue reduciendo y bastantes obreros desaparecieron.

Esto llegó a oidos de Carlos III quien, con el fin de averiguar que sucedía, decidió visitar la obra.
Cuando ya estuvo allí comenzó a echar un vistazo por los alrededores y llegó a la zona donde se encontraban las esculturas que ya estaban finalizadas.Observó que algunas de ellas destacaban sobre las demás por su absoluta perfección.


Prendado por el realismo de ese grupo de esculturas, Carlos III preguntó a un escultor que pasaba por allí en ese momento:
-Muchacho, ¿cual es el nombre de aquel al que Dios ha dotado de tan fantástico talento para hacer esas esculturas de ahí?
-Antoine Coysevox es su nombre, mi señor -contestó el escultor timidamente-.

Ignorando la presencia de este, Carlos volvió la vista a las magníficas figuras y, sin darse cuenta, comenzó a acercarse poco a poco hacia ellas. ¿Cómo podía ser que un solo hombre hubiera creado semejante obra de arte?

De repente algo interrumpió sus pensamientos: una voz salió de una de las estatuas. Esto le sobresaltó. Sin embargo una gran felicidad le invadió por dentro pues Carlos pensó que esa voz era de uno de sus antepasados y que le auguraba un próspero reinado.
Con el fin de complacer a su antepasado, hizo llamar a Juan Bautista para exigirle que esa estatua debía colocarse en la parte más alta del palacio. El arquitecto obedeció sin rechistar al rey y para demostrar su eficacia, ordenó a un grupo de obreros colocar la estatua en el lugar que Carlos había decretado en ese mismo instante.

Cuando la escultura estuvo colocada en su sitio, no pasó ni un minuto y la estructura de esa zona del palacio se vino abajo.
Como era de esperar el rey entró en cólera y pidió expliaciones a Juan Bautista. Sin embargo, este no podía creer lo que acababa de ocurrir: había mandado hacer las esculturas huecas para evitar incidentes como este, y él mismo había revisado el estado de la estructura varias veces. ¿Cómo podía haber pasado?. Definitivamente algo se le escapaba.

Ambos entraron en el palacio y fueron al lugar donde se había producido el derrumbamiento. Aunque se había levantado una gran cantidad de polvo, les resultó fácil encontrar el lugar exacto donde se hallaba la escultura rota. Para su sorpresa, en lo que quedaba de ella, encontraron un cadáver descomponiéndose.

-¿Qué significa esto Bautista? - preguntó el rey furioso -. ¡Exijo una explicación inmediata!
Pero no obtubo respuesta. A pesar de lo que Carlos se pensaba, el arquitecto estaba tan sorprendido como él, o incluso más. ¡Había un cadaver dentro de la estatua!. Pero eso perdió importancia para él cuando fue capaz de alzar la vista: había un gran agujero en el techado que sería difícil de reparar. Y fue en ese momento cuando, sumido en sus pensamientos, cayó en la cuenta de todo.

¡Ese loco de Coysevox!. ¡Se ha estado dedicando a asesinar obreros con el fin de que ellos dieran forma a sus obras!-pensó Juan Bautista-. ¡Eso explica la misteriosa desaparición de mano de obra y el derrumbamiento de la estructura debido al sobrepeso de la estatua!

Carlos, ante el silencio de Juan Bautista, empezó a deducir por sí mismo que era lo que podía haber pasado y no le costó demasiado llegar al meollo del asunto, por lo que fue él quien decidió romper el silencio al fin.
-¿Lo sabe alguien?
- Sólo nosotros dos y Coysevox, alteza -dijo aun sorprendido el arquitecto-.Me temo que si lo hubiera sabido alguien más la obra del palacio se habría detenido hace mucho tiempo.
-Excelente. Limpie todo esto Bautista, deshágase del cadáver y sea todo lo discreto que pueda.
-Mi señor, ¿eso significa que vamos a hacer como si no hubiera pasado nada? Es algo demasiado grave -explicó Juan Bautista todavía más perplejo que antes-.
-¿Quieres que este sea el palacio más grandioso de todo Occidente... o no?

Esta simple pregunta bastó para convencer al arquitecto de que lo más correcto era guardar silencio. La obra continuaría como si nada y Antoine Coysevox sería despedido. Estaba tan loco que nadie le creería cuando contara los verdaderos motivos de su cese en la obra.
Todo estaría en orden.


[...]


Hoy en dia, quien conoce la verdadera historia del palacio real, sabe que muchas esculturas que en el S.XVIII habían sido destinadas a la fachada o a la cubierta del palacio tuvieron que ser repartidas por los jardines de este debido a su sobrepeso.
Quien sabe... puede que esto no sea solo una leyenda...


...

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